La Encuesta Intercensal (EIC) del INEGI es un instrumento que actualiza la información sociodemográfica de México entre el Censo 2020 y el de 2030; permite estimar población, viviendas y sus características a escala nacional, estatal y municipal. En la edición 2025, dio cuenta de que el país atraviesa una aceleración de los cambios demográficos que ya se habían previsto, pero responden a las particularidades del contexto que atraviesan las juventudes.

El Dr. Miguel Calderón Chelius, coordinador del Observatorio de Salarios de la IBERO Puebla, brindó un análisis de los datos de la Encuesta Intercensal 2025. Entre los principales hallazgos se encuentra la disminución de la tasa de fecundidad, que pasó de 1.9 a 1.3 hijos por familia, así como un proceso de envejecimiento poblacional cada vez más marcado.

El académico explicó que esta transformación tendrá implicaciones importantes para la planeación de la vida social. Mientras disminuirá la necesidad de infraestructura destinada a niñas, niños y jóvenes, como escuelas y preescolares, aumentará la demanda de espacios y servicios para el cuidado de personas adultas mayores.

De acuerdo con los datos referidos por el Dr. Calderón Chelius, las proyecciones para 2025 contemplaban una población de 133 millones de habitantes, mientras que la Encuesta Intercensal registró alrededor de 130 millones. Además, todos los estados presentan actualmente una fecundidad por debajo de la tasa de reemplazo, que es ligeramente superior a dos hijos por familia. 

Chiapas registra la mayor tasa de fecundidad con 1.8 hijos por familia, mientras que la Ciudad de México presenta la menor, con 0.8. En Puebla, el índice es de 1.3, ligeramente superior a la media nacional (1.2).

El académico señaló que, en el caso de la Ciudad de México, la baja fecundidad también se relaciona con el encarecimiento de la vida y el desplazamiento de población joven hacia entidades como el Estado de México, Hidalgo, Morelos y Puebla. En Chiapas, donde históricamente se habían registrado tasas más elevadas, la disminución también evidencia una transformación de las conductas reproductivas.

Estos cambios demográficos implican la necesidad de repensar la organización del país y atender las nuevas características de su población. La transición también se refleja en la composición de los hogares, con una mayor presencia de hogares unipersonales, parejas sin hijos, parejas con un solo hijo y parejas del mismo sexo.

Frente a este escenario, el académico llamó a reflexionar sobre las razones por las que las juventudes mexicanas deciden tener menos hijos o no tenerlos, así como sobre las transformaciones sociales que acompañan este proceso. “Nos obliga justamente a vernos al espejo del siglo XXI” y pensar qué sociedad se quiere construir ante estos cambios demográficos.