A 25 años de los ataques contra las Torres Gemelas en Nueva York, sus consecuencias continúan presentes en la dinámica del sistema internacional. Para la Mtra. Elvia Laija Olmedo, coordinadora de las licenciaturas en Relaciones Internacionales y en Ciencias Políticas e Innovación Democrática de la IBERO Puebla, el 11 de septiembre de 2001 representó un acontecimiento emblemático que modificó profundamente la manera de comprender la geopolítica, y que es importante para entender el hoy.

La académica señaló que, salvo el antecedente de Pearl Harbor durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no había experimentado un ataque de estas dimensiones en el centro de su territorio. Los atentados, ejecutados sin el uso de armas nucleares, provocaron cerca de 3,000 muertes y generaron una nueva dinámica internacional alrededor de la amenaza terrorista.

Uno de los principales cambios fue la concepción de la seguridad. Estados Unidos impulsó la idea de que esta amenaza debía enfrentarse desde las instituciones gubernamentales, lo que llevó a que las sociedades aceptaran mayores mecanismos de supervisión y control a cambio de protección. La particularidad del “nuevo enemigo” radicaba, explicó la experta, en que se trataba de un grupo terrorista que no estaba directamente ligado a un país.

Las represalias posteriores transformaron también el escenario geopolítico. Estados Unidos invadió Afganistán con el objetivo de localizar a Osama bin Laden y al grupo Al Qaeda, señalado como responsable de la organización de los ataques del 11S. Esta intervención se prolongó durante 20 años y se convirtió en la guerra más larga de la historia estadounidense.

La presencia militar estadounidense en Afganistán, señaló la académica, no resolvió el problema de fondo y dejó un escenario de inestabilidad que continúa después de la salida de las tropas. A ello se sumó posteriormente la invasión de Irak, que contribuyó a generar condiciones para el surgimiento del Estado Islámico y una nueva etapa de ataques terroristas en Europa.

Para la Mtra. Laija Olmedo, la llamada ‘guerra contra el terrorismo’ no logró resolver la amenaza y, por el contrario, propició el surgimiento de nuevos grupos. Sus consecuencias también trascendieron el ámbito militar y modificaron la vida cotidiana de millones de personas, desde los rigurosos controles aeroportuarios hasta distintos mecanismos de supervisión y seguridad implementados por los Estados.

Otro de los efectos fue de carácter social y cultural. La académica destacó que las consecuencias de los atentados también se tradujeron en la estigmatización de poblaciones árabes y musulmanas, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo, una situación cuyos efectos persisten hasta la actualidad.

25 años después, la reflexión sobre el 11-S permite observar que sus efectos no se limitaron al día de los ataques: transformaron las relaciones entre seguridad y libertad, redefinieron estrategias militares y modificaron la percepción social de comunidades enteras. Para la académica de la Universidad Jesuita, comprender estas consecuencias resulta fundamental para analizar los desafíos que enfrenta actualmente el sistema internacional.