La tuna es uno de los frutos más preciados en México. Al ser endémica del país, se ha vuelto uno de los recursos más importantes que poseemos, y que, además de definir la identidad cultural, genera miles de empleos: cada año se producen entre 400,000 y 470,000 toneladas de este producto. Su recolección implica la colaboración de al menos 20,000 productores, que se concentran en Pinos, Zacatecas, San Martín Texmelucan y Acatzingo, ambos municipios de Puebla.

Al ser para estos municipios parte fundamental de su economía, su producción no puede parar sin importar los riesgos: espinarse, herirse de gravedad, infecciones, irritación, entre muchas otras situaciones de alto riesgo para las y los recolectores, quienes no cuentan con equipo de seguridad apropiado para realizar su labor.

Katia Espinoza Córdova, Arantxa Marrufo Juárez, Lorena Báez Lorandi, Lucía Strengel González, María del Rosario Azaola Villarroel y Mariel Regina Cabrera López, estudiantes de la Licenciatura en Diseño Industrial de la IBERO Puebla, presentaron PIXAC, un proyecto enfocado en la protección de recolectores de tuna de la zona de Acatzingo, Puebla, a quienes acompañaron y escucharon activamente para elaborar este producto.

PIXAC es un equipo de protección diseñado para atender las necesidades de personas que realizan la recolección manual de tuna, una actividad que implica una constante exposición a espinas pequeñas y volátiles. El proyecto contempla el uso de pantalones de mezclilla reciclados como material principal, con el objetivo de crear una solución accesible que proteja a las y los recolectores sin interferir con la técnica tradicional de cosecha.

El equipo está conformado por una careta que protege tanto del sol como de las espinas; un peto adaptable a distintos tipos de cuerpo, dirigido especialmente a personas de entre 45 y 65 años; y guantes de carnaza reforzada que cubren el índice y la palma de la mano.

Estas zonas del cuerpo fueron identificadas como claves en el proceso, ya que durante la recolección se emplea una técnica de torsión de la tuna que permite desprender el fruto sin dañarlo, pero que expone directamente las manos del recolector.

Además del equipo físico, el proyecto incorpora un servicio complementario pensado para quienes no pueden acceder al producto de forma comercial. Este servicio se plantea a través de un instructivo, que explica la importancia del uso de protección y guía, mediante pasos simplificados, la elaboración de un equipo propio a partir de pantalones de mezclilla reciclados. La propuesta busca fomentar el intercambio de saberes y la construcción colectiva de alternativas de protección más seguras.

De acuerdo con el planteamiento del proyecto, PIXAC aspira a evolucionar y crecer para beneficiar a distintas comunidades, reconociendo la relevancia cultural y productiva de la tuna como alimento tradicional en México, así como la importancia de visibilizar y dignificar el trabajo de las personas recolectoras que hacen posible su consumo.